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Charles Baudelaire |
Tendremos regios
lechos perfumados, Y hondos tálamos, como sepulcros, Flores extrañas, dispersas en las mesas Estallarán, ya nuestras, en cielos más templados. Avivando hasta el límite los últimos ardores Serán dos llamas nuestros corazones Que con raras luces iluminarán Nuestras almas, que gemelas, vagan. Y, al fin, en un crepúsculo rosa y azul místico Intercambiaremos un último relámpago Como un hondo sollozo, pletórico de adioses. Y más tarde, un Angel, entreabriendo puertas, Reanimará, constante y jubiloso, Turbios espejos y las muertas llamas. |
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Emily Dickinson |
Amor eres alto, Yo no puedo alcanzarte, Pero si fuéramos dos, Quién sabe, nosotros, Por turno, en el cimbronazo, Ducal, por fin, podríamos hallarte. Amor, eres profundo, Yo no puedo penetrarte, Si fuéramos dos En vez de uno Remero y barca, en un mismo verano, ¿tal vez alcanzaríamos el sol? Amor, te cubren con un velo. Muy pocos te ven, Sonríe y excítate, habla y muere. Sería un disparate sin ti la felicidad Llamada por Dios eternidad. Todas las cartas que puedo escribir No son cartas como éstas, Sílabas de terciopelo, Frases de felpa, Profundidades de rubí, invioladas, Oculto, labio, para ti, Escribirlas era un susurro de ave, Que llegó sólo a mi. Miel de una hora Nunca entendí tu poder. Prohíbeme Hasta que Mi más pequeña dote Mi flor, no conocida Sea merecida. |