A una dama que salió
revuelta una mañana

 

   
  Hermoso desaliño, en quien se fía
Cuanto después abrasa y enamora,
Cual suele amanecer turbada aurora,
Para matar de sol a mediodía.

Solimán natural, que desconfía
El resplandor con que los cielos dora;
Dejad la arquilla, no os toquéis, señora,
Tóquese de marfil, garganta hermosa.

Para la noche estáis mejor tocada;
Que no anocheceréis tan aliñosa
Como hoy amanecéis desaliñada.