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A una dama criolla
  Es un país de aromas al que el sol siempre besa,
Conocí bajo un palio de árboles purpurados
Y palmeras que llueven en los ojos pereza,
A una señora criolla de hechizos ignorados.

Caliente es su tez pálida; morena encantadora,
Hay en su cuello gestos nobles y amanerados;
Camina, alta y esbelta, como una cazadora;
Su sonrisa es tranquila, sus ojos aplomados.

Señora, si vos fuerais a mi país glorioso,
A la orilla del verde loire o del sena undoso,
Bella, digna de ornar las antiguas moradas,

Harías germinar, entre frondas discretas,
Mil y un soneto en las almas de los poetas,
Más que un esclavo negro por vos esclavizadas.